¿Cómo aprender a controlar los impulsos?

controlar los impulsos

El ser humano se ve a menudo impulsado por sus emociones más primarias y básicas, las cuales se pueden volver incontrolables, y ello puede ocasionar una baja percepción de control, así como crear sentimientos de culpa y malestar. El aprendizaje que capacita a las personas a poder tener un mayor control de estos impulsos es lo que se conoce en psicología como entrenamiento conductual para controlar los impulsos. Este tipo de terapia pretende llevar a la persona a que pueda identificar y modificar pensamientos y emociones para poder lograr un mayor control ante situaciones difíciles de controlar.

Trastornos del control de impulsos

Los trastornos del control de impulsos se consideran desórdenes psicológicos que se caracterizan por la incapacidad de la persona para resistirse a la tentación o deseo de llevar a cabo una conducta. Esta conducta impulsiva puede causar daño tanto para la persona que las realiza como para los demás.

La persona lleva a cabo conductas sin supervisión ni control reflexivo, por tanto, no se tienen en cuenta las consecuencias. Dentro de estas consecuencias a las que nos referimos, no solamente aluden al desorden que pueden llegar a provocar a nuestro alrededor, sino también a las emociones que pueden traer el realizar este tipo de conductas.

Por lo general, la falta de control de impulsos tiene un patrón similar a seguir, aunque no se hable de la misma conducta. Al igual que las adicciones, que independientemente del subtipo que exista todas se rigen por un mismo circuito.

Antes de que se realice la acción impulsiva se dan unas sensaciones de alta tensión emocional, más tarde durante la acción se obtiene una sensación placentera y liberadora a nivel interior, y finalmente tras la realización de la acción puede coexistir el arrepentimiento y la culpa.

Causas

Las causas que explican la falta de control de impulsos pueden no ser las mismas para todas las personas, así como tampoco son las mismas para todos los impulsos, ya que varían según el tipo de conducta que lleva al impulso de realizarla.

Sin embargo, podemos afirmar que la suma de factores biológicos, sociales, culturales y características personales, mayormente son los que más peso tienen en lo que se refiere a las causas de la impulsividad, pero también pueden influir otros, aunque en menor medida.

Las conductas impulsivas se han relacionado a menudo con un déficit en la función ejecutiva, que es la que permite planificar las conductas antes de realizarlas. Por ello podemos encontrar a personas altamente funcionales con tendencia a la híper racionalización, y otras en cambio algo más impulsivas, y dentro de estas últimas, un grupo al que podemos denominar como que tiene un problema para controlar los impulsos.

Técnicas para controlar los impulsos

Existen diferentes técnicas para aprender a manejar con éxito los impulsos. Entrenando y aplicando el proceso paulatinamente se puede llegar a poseer un buen control de los impulsos incontrolables.

Uno de los mayores problemas que entraña la falta de control de impulsos, es que, a la hora de realizar la conducta, la persona siente una satisfacción inmediata muy poderosa y beneficiosa, con la que es difícil luchar.

Exponemos a continuación una lista de claves para aprender a controlar los impulsos de la forma más adecuada, y recomendamos el acompañamiento de profesionales de psicología y otros campos correspondientes para poder lograr el éxito deseado.

Identificar los tipos de impulsos

No todos los impulsos derivan en conductas negativas, ya que también existen conductas sanas y positivas. Por ello es aconsejable un entrenamiento para poder identificar que conductas se pueden encajonar bajo un título u otro.

Las personas con problemas para poder controlar los impulsos que le llevan a desencadenar conductas perjudiciales suelen asociar esas sensaciones de impulsividad a algo negativo, y una vez se ponen en tratamiento de mano de los expertos, es necesario que aprendan a que no siempre la impulsividad les puede traer consecuencias desagradables.

No todos los impulsos son malos, hay algunos que pueden ser buenos, y es bueno discernir entre unos y otros para poder dejarse llevar por los que son considerados como positivos.

Pensar antes de actuar

El entrenamiento a nivel cognitivo de la persona es clave para evitar que actúe de manera automática y luego padezca las consecuencias que esa conducta le trae.

Como animales racionales que somos, debemos actuar como tales, y aquello que nos diferencia de forma más notable de un mamífero inferior, como por ejemplo un perro, es nuestra capacidad para expresarnos y razonar ante los diferentes aspectos. Hagamos de esta virtud un hábito, y pongámosla en práctica.

Relajarse para poder decidir la conducta

Las diferentes técnicas de relajación pueden ayudar a mantener una actitud calmada y a no perder los papeles ante las primeras sensaciones que hacen que se dispare la conducta. Por ello es necesario aprender a que antes de actuar de manera automática, es posible respirar profundamente, y no dejar que ese automatismo te domine, recuperando el control por ti mismo.

Tolerancia a la frustración

Nadie puede saber al cien por cien lo que ocurrirá en un futuro, por eso debemos trabajar el arte de estar pendiente y concentrados en el presente, sin dejar de mirar al futuro, pero soportando la carga pesada de la incertidumbre de no saber lo que vendrá. Como siempre, hay que recordar, que la virtud está en el término medio.

Aprender de los errores pasados ya cometidos, o de amigos que ya pasaron por ello siempre es parte del proceso de cambio y una manera de avanzar. La ayuda por parte de los conocidos que te puedan aportar su experiencia debe ser acogida y tenida en consideración.

Control de pensamientos

Aprender a filtrar los diferentes tipos de pensamientos que pueden ser previos a la sensación de impulsividad, y que finalmente son los que llevan a realizar la acción a evitar, es vital para conseguir un mayor control sobre ellos. Si los tenemos identificados, tenemos más armas para poder actuar o no en consecuencia, en nuestra mano está el decidir seguir creando ese tipo de pensamientos sabiendo a lo que me conducen o no.

Analizar la situación y las diferentes opciones

Es importante analizar la situación y ser consciente de lo que está ocurriendo, para así poder esquematizar mentalmente que opciones tengo y cuál será la mejor de entre todas ellas.

Para ello es necesario frenar en seco ante el más mínimo atisbo de impulsividad e iniciar de nuevo la marcha una vez se haya razonado y justificado el siguiente paso.

Se trata de ser lo más consciente posible de lo que está ocurriendo, saber por qué sucede y poder encontrar la mejor solución, para llevarla a cabo.

Visualizar las consecuencias posibles de cada opción posible

Si puedes visualizar las consecuencias que te traerán el realizar una u otra conducta, antes de realizar la conducta, ya tienes la mitad de la batalla ganada.

Las consecuencias han de ser vistas tanto desde el corto plazo como del largo plazo, y dentro de ellas, sopesar que conducta nos lleva a un mayor beneficio en términos generales.

Ejercicio y actividad física

Hacer deporte del tipo que sea es una forma de descargar toda nuestra energía sobrante, por ello en condiciones normales el ejercicio físico es recomendado por los expertos siempre. En los casos en los que exista un problema con el control de impulsos, ese tiempo que se dedica al ejercicio puede convertirse en parte de una rutina, la cual ayude a ordenar el resto de áreas colindantes al problema que se pretenda solucionar.

Un tratamiento personalizado, adaptado a cada persona y a su manera de ver el problema, siempre implica un mayor éxito.

Tipos de trastornos del control de impulso

Existen muchos tipos de trastornos de control impulsos, y cada uno de ellos se asocia a una conducta concreta. Los más conocidos son la cleptomanía, ludopatía, piromanía, tricotilomanía, compras compulsivas, etc., pero existe una amplia gama.

Todos muestran una frecuencia alta en la persona antes de poder ser diagnosticado, en la edad adolescente, y con el paso del tiempo, se suele confirmar el diagnóstico.

Con el tratamiento adecuado, y cuanto antes se empiece a trabajar en ello, la persona con el problema de control de impulsos podrá aprender a modificar esos patrones de conducta y de pensamiento.

Ángeles Mérida Psicóloga

Licenciada en psicología por la Universidad de Málaga y amplia experiencia profesional. Especializada en terapia de parejas y otras áreas de psicología para adultos, niños y adolescentes. Número de colegiada AO10397.

Doctoralia | LinkedIN