La ira: qué es, cómo controlarla y detectarla

control de la ira

El control de la ira se refiere al proceso de identificar aquellas señales que preceden al estallido del enfado, y no dejar que lleven a él, frenándolas o canalizándolas de otra forma. Las medidas y estrategias que cada uno necesita para realizar este proceso, pueden ser estándar, aunque cada uno tras entrenamiento y práctica puede llegar a poseer sus propias armas, las cuales le funcionan bien.

El manejo de la ira no tiene como objetivo evitar que sientas ciertas emociones ni mucho menos que las reprimas. Toda emoción existe por algún motivo, identificarlas y conocer el sentido que poseen no es nada fácil.

El control de la ira y de similares como la agresividad, ha sido muy tratado a lo largo de la historia, afecta a muchas personas y existen trastornos relacionados con dicha sintomatología. A menudo es una de las demandan que actualmente acuden a los profesionales de la psicología.

Cómo definimos la ira

La ira es común en todo ser humano, suele aparecer cuando algo nos enfurece y nos disgusta. Es algo de carácter muy innato.

Cuando sentimos ira algunos niveles de sustancias dentro de nuestro organismo se elevan, crecen rápidamente y provocan síntomas apreciables visualmente y sensaciones internas sentidas por quien las padece. Se respira de forma más acelerada, la piel se suele enrojecer, y la adrenalina, noradrenalina, ritmo cardiaco y presión arterial aumentan, entre otros síntomas.

La explicación biológica a esta respuesta es que el cuerpo se prepara para luchar o huir, ante un peligro, anulando casi por completo la capacidad reflexiva, dejando que el instinto decida lo más conveniente para seguir vivo.

Tipos de manifestaciones de la ira

  • La ira se puede manifestar de diferentes formas, y con peculiaridades según se muestre por una u otra persona.
  • De forma agresiva o violenta, suele surgir para lograr aquello que no hemos podido conseguir de otra forma, así la usamos como instrumento para llegar a un objetivo.
  • De forma explosiva por haber estado mucho tiempo reprimiendo o aguantando algún tipo de situación angustiosa o percibida como negativa. Esto ocurre a menudo con pequeñas cosas diarias a las que no solemos darle importancia, y a veces tampoco salida, y si las sumamos y las acumulamos, llega un momento en el que explotamos inevitablemente.
  • Con el fin de defenderse cuando nos están atacando. Si nos enfrentamos a algo muy negativo podemos responder por medio de la ira, para protegernos de esos estímulos.
  • Al sentir frustración, miedo, vergüenza, etc., emociones que no sabemos gestionar y no entendemos, y hemos aprendido a responder ante ellas solo con ira. Puede manifestarse ante el cansancio, dolor físico y falta de sueño, entre otras cosas.

Causas de la ira

La ira puede darse por diversos motivos. Aparece en situaciones en las que percibimos peligro y amenaza. En términos generales la ira manifiesta de forma externa emociones negativas que sentimos de forma interna.

Puede darse por sentir miedo, inseguridad, envidia, celos, hambre, etc., puede aparecer cuando no somos capaces de afrontar una situación, y eso nos hace sentir heridos, molestos y vulnerables con nuestro entorno en general.

¿Cómo controlar la ira?

Gestionar de forma adecuada las pequeñas interferencias que se nos presentan día a día, para no explotar, es imprescindible si queremos dejar de acumular ira y enfado, y explotar cada cierto tiempo cuando ya no nos quepa más.

El control de la ira es algo muy demandado actualmente en todas las consultas de psicología. Se trata de algo difícil de manejar. Es como si un vaso se llenara gota a gota, es algo muy continuado y constante en pequeñas dosis, pero un día, el vaso derrama el agua inevitablemente.

Tomar conciencia de aquello que te lleva a la ira, es lo primero para identificar el origen de esta energía negativa, y así poder racionalizar y canalizar por otras vías esas sensaciones.

El autocontrol ayuda de forma clave al manejo de las sensaciones que llevan a la ira. Su práctica y su entrenamiento llevan a manejar de forma adecuada algunos sentimientos y enfados.

Consejos para controlar la ira

  • Que prohibido acumular la ira, y para ello es necesario desecharla cada vez que se sienta, en la medida de lo posible, reaccionado de la forma más asertiva posible, no dejando que crezca la tensión que lleva a la exteriorización de la ira, es decir, gestionarla adecuadamente.
  • Expresar la ira de forma productiva, como puede ser mediante el arte. La ira y su expresión pueden ser usadas como medio de creación en algunos campos, así como motivación para practicar algún deporte o realizar algunas actividades.
  • Descansar lo suficiente y de forma adecuada es algo muy importante para evitar este tipo de conductas. Cada persona debe seguir las indicaciones que el cuerpo le transmite, y a veces, los avisos físicos de que estamos llevando un ritmo demasiado acelerado, no se tienen en cuenta, y no son más que un aviso de que tenemos que calmarnos y descansar más y con más calidad. Dormir las horas necesarias es fundamental para que el cuerpo funcione correctamente en todas sus áreas.
  • Evitar situaciones que sabemos que nos llevan a la ira, o que nos dejan en un estado de emociones negativas es una buena forma de lidiar con la ira como medida temporal, ya que a largo plazo, lo ideal es enfrentarnos a ellas y aprender a controlarlas de manera más adecuada.
  • Practicar algún tipo de deporte o hacer ejercicio en general ayuda a descargar tensiones y a encontrarse más relajado. En el caso de las personas propensas a la ira también ayuda a que ésta se pueda eliminar poco a poco.
  • Prácticas como la meditación, el yoga, el mindfullnes y similares, ayuda a gestionar la ira de forma general, y a evitar estos ataques de ira que a veces nos superan. La respiración profunda, los mensajes que nos decimos momentos antes de estallar y la identificación de momentos claves antes de la explosión emocional, contribuirán a controlar cada vez más estos momentos.
  • Técnicas de control emocional ayudan a saber más acerca de lo que ocurre en nuestro interior y a identificar las emociones que nos llevan a sentir la ira. Las opciones que podemos tener cuando la ira nos nuble debemos de contemplarlas junto a las posibles consecuencias que puedan traer, para así anticiparnos y hacer una toma de decisiones coherente, no dejándonos llevar por la ira.

Piensa en todas las consecuencias nefastas que trae consigo esta falta de control de la ira, para ti y para los que están contigo. Reflexionar acerca de por qué actuamos así, rellenar un diario de emociones, analizar si se encuentra proporcionada la reacción que tenemos con la situación, etc., ayudará a conocer más acerca de nuestro interior y de lo que en él se esconde para reaccionar así.

Consecuencias de la falta de control de la ira

Si la ira no se controla adecuadamente puede derivar en trastornos psicológicos graves, puede generalizarse como respuesta ante todo aquello que nos disguste, alejando a las personas que tenemos a nuestro alrededor.

Existen muchas técnicas y muchas formas de afrontar la ira en todas sus variantes, los recursos existen y están al alcance de todos. No se trata de algo fácil, pero es necesario poner en práctica las herramientas de las que disponemos para que no haya consecuencias negativas.

Un profesional siempre podrá ayudarte y guiarte en el proceso de cambio, definiendo los objetivos y marcándote el camino para poder llegar a ellos.

Un psicólogo puede identificar no solo el problema de esta ira, sino problemas subyacentes a ella como otros trastornos cuya manifestación sea la ira. Es decir, que la ira puede ser un síntoma de otro trastorno desconocido para la persona que lo sufre, como por ejemplo puede ocurrir en el trastorno explosivo intermitente.

Ángeles Mérida Psicóloga

Licenciada en psicología por la Universidad de Málaga y amplia experiencia profesional. Especializada en terapia de parejas y otras áreas de psicología para adultos, niños y adolescentes. Número de colegiada AO10397.

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