¿Qué es el síndrome del emperador?

Síndrome del emperador

El síndrome del emperador suele describir a niños y adolescentes que manipulan a sus padres constantemente. Estos padres suelen demandar en consulta ayuda urgente e inmediata, por encontrarse agotados y  sin saber que método usar para que sus hijos no se sigan comportando de este modo con ellos.

Estos niños por lo general, suelen ser intolerantes ante una negativa, poseen poca o nula empatía, suelen manifestar problemas en la gestión emocional y en la expresión de sentimientos.

Cada vez se conocen más casos de este tipo. Los niños no solo se rebelan contra los padres, como puede ser normal a ciertas edades, sino que estos niños abusan de sus padres, van más allá y sobrepasan los límites del respeto, con una frecuencia e intensidad de lo más preocupantes.

El abuso se manifiesta con todos los miembros de la familia, pero sobre todo con los padres y hermanos, que suelen ser los convivientes más cercanos. Los padres suelen sentir frustración y se muestran cansados de luchar contra la actitud del niño sin obtener resultados satisfactorios.

Síntomas del síndrome del emperador

Los niños clasificados dentro de este síndrome suelen mostrar las siguientes características:

  • Comportamientos agresivos, aunque no en niveles desmesurados, pero si muestran una tendencia moderadamente agresiva, tratan de arreglarlo todo a través de la violencia.
  • Poca empatía hacia los demás.
  • Buscan provocar conflictos continuamente.
  • Se ven involucrados continuamente en situaciones conflictivas, a veces suelen provocarlos ellos, iniciando dichos conflictos, pero en otras ocasiones danzan entre las peleas y conflictos que surgen a su alrededor,  de entre sus iguales y de las personas en general que suelen convivir en su ambiente.
  • Provocan el enfado y frustración en los padres, hermanos y familiares.
  • Tienden a exagerar y a escenificar a modo de teatro, manifestando de forma exagerada ciertos berrinches y gestos.
  • Rompen la dinámica saludable y apropiada del hogar, por estar continuamente tras el conflicto y creando un ambiente poco tranquilo.
  • Maltratan psicológicamente tanto a sus padres como a sus hermanos, y a todos los familiares con los que pueda tener más contacto.
  • Poseen baja tolerancia a la frustración.
  • Son incontrolables en las aulas, porque aunque no es un ámbito en el que actúen como en casa, si desorganizan las reglas y la dinámica.

¿Por qué se da el síndrome del emperador?

Estos síntomas provocan una gran impotencia en los padres. Entre sus demandas cuando acuden al profesional suelen encontrarse cosas como: “mi hijo es un tirano, no puedo con él, no atiende a mis normas, es demasiado egoísta, ya no puedo más, necesito ayuda, etc.”

Este tipo de comportamiento suele darse prácticamente desde el nacimiento. Suelen ser niños muy desobedientes, traviesos en excesos y suelen estar en constante movimiento.

Los padres suelen relatar que todo lo usan en beneficio propio, y que se sienten en ocasiones intimidados y de alguna manera, relegados de su rol de padres, cuando dan órdenes que no se cumplen. Suelen ser invadidos por un sentimiento de culpa, que también será necesario abordar posteriormente.

No todos los padres actúan del mismo modo ante estos síntomas, ya que irá dependiendo de muchos otros factores, como por ejemplo la evolución del niño y las estrategias que ellos como padres vayan eligiendo para tratar el problema.

El ambiente, la genética y el estilo de crianza forman un todo en diferentes proporciones que llegan a causar los síntomas del síndrome del emperador.

No existen causas definitivas que lleven a provocar este síndrome, pero existen estudios que relacionan ciertos aspectos con la manifestación de estos síntomas, como son los siguientes:

  • Poca dedicación por parte de los padres
  • Agotamiento y desesperanza de educadores y tutores
  • Exceso de protección parental
  • Ser hijo único
  • Ausencia  o escasez de límites o de límites correctos
  • Déficit en el aspecto cognitivo del niño

A veces se dan casos leves de niños traviesos que muestran un cambio repentino de pronto, debido en la mayoría de los casos a un periodo de estrés o a un acontecimiento perturbador de forma aislada, y no se puede hablar de este síndrome como tal, ya que existe un hecho que claramente identificamos como detonador de una conducta y se intuye que sea algo puntual y temporal. De no ser así, será necesario evaluar si ese detonante causa estos síntomas de forma continua, y dichas manifestaciones se instauran en el niño para quedarse.

Tratamiento psicológico para combatir el síndrome del emperador

Ni los castigos ni la forma de imponer estos castigos por los padres tienen efectos en los niños con el síndrome del emperador, por eso estos padres piden a gritos una fórmula distinta de las usadas hasta ahora para intentar con sus hijos.

En ocasiones será necesario no solo el tratamiento psicológico sino un acompañamiento farmacológico que complemente, aunque sea de forma temporal, las pautas y directrices aportadas.

Una evaluación completa no solo del niño sino también del ambiente familiar y del contexto del niño, podrá determinar el tipo de estrategias y pautas a seguir más convenientes para cada caso en concreto.

Es importante apuntar que no todos los niños que acuden a consulta con estos síntomas son catalogados como síndrome del emperador, ya que éste, comparte síntomas con otros trastornos psicológicos, como son el trastorno negativista desafiante, o el trastorno disocial, entre otros.

Lo importante es tratar los síntomas que están impidiendo llevar una vida normal y en armonía, porque estas manifestaciones afectan a la vida del niño y a todas sus áreas. Y si no se tratan, podrán traer problemas futuros a medida que el  niño crezca y madure.

El niño debe aprender a modificar ciertos comportamientos con los que se expresa, entender que existen otras alternativas, identificar sus emociones y canalizarlas de forma diferente a como lo ha podido hacer hasta ahora.

Los límites son marcados por las figuras de autoridad, y a veces no se definen de forma correcta o de forma que el niño los pueda entender como tal. Explicarles el por qué y el sentido de ellos ayudará poco a poco a que le niño interiorice tanto la existencia de estos límites como su utilidad de cara a su futuro.

Enseñarles habilidades no violentas, desde nuestro comportamiento como padres, fomentar el diálogo y el respeto, hacer uso de la escucha activa, marcar barreras de forma clara, atender a las necesidades concretas de cada niño y no sucumbir ante todo lo que demande el pequeño sin plantearse las consecuencias futuras que puede traer.

Todo niño necesita saber lo que está bien y lo que está mal, intentarán por defecto conseguir lo que desean mediante armas como el berrinche y el llanto fácil, intentarán mantener sus criterios e ideas hasta que conozcan el mundo y su realidad, las normas sociales y el civismo. Enseñarles poco a poco es competencia de los padres y cuidadores, ya que su instinto es lo que prima en sus primeros años hasta que se aprenda a tolerar la frustración y a asumir la realidad que no siempre es lo que más gusta.

En ninguna relación de crianza el papel de los padres puede ser desde el punto de vista del abuso, y de la misma forma, tampoco puede ocurrir esto desde el papel de hijo. Educar desde la coherencia, y desde el ejemplo, ya que se sabe que los niños replican lo que observan, es la mejor manera de enseñarles, es decir, predicando con el ejemplo.

Ángeles Mérida Psicóloga

Licenciada en psicología por la Universidad de Málaga y amplia experiencia profesional. Especializada en terapia de parejas y otras áreas de psicología para adultos, niños y adolescentes. Número de colegiada AO10397.

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