Qué es el síndrome del nido vacío

Sindrome del nido vacio

Las etapas del ser humano han sido muy estudiadas por los expertos. Cada uno de los momentos tiene sus aspectos positivos y negativos. La evolución de la vida implica adaptarse a los nuevos momentos y a veces supone problemas.

Una de estas etapas a las que nos referimos, es el momento en el que los hijos se independizan y abandonan el hogar familiar. Independientemente de si se tienen varios descendientes, este momento se identifica como la ausencia de la convivencia con los hijos, o con el último hijo que convivía en el hogar familiar.

Este momento puede provocar ansiedad, depresión, dificultades de adaptación, vacío existencial, etc. Desde el nacimiento de estos, ambos padres han estado viviendo por y para sus hijos, en el momento en el que estos ya logran ser autónomos y no dependen de sus progenitores, muchos padres se pueden llegar a sentir algo descolocados y perdidos. A esta situación se la denomina síndrome del nido vacío.

Esta sensación de angustia no siempre se da en todos los padres, a veces solo ocurre en uno de los progenitores y en otras ocasiones no ocurre en ninguno, ya que contemplan esta etapa como todo un logro personal, y un momento en el que se plasma su esfuerzo como padres y el resultado de una crianza exitosa.

La salida de los hijos del hogar puede ser algo estresante y puede traer emociones evitadas por los padres durante años, por haber sido escondidas poniendo de escudo a los hijos. También, por otro lado, es normal sentir pena y tristeza ante este acontecimiento, sin necesidad de que ello esconda posibles problemas en la relación de pareja.

Ambos padres pueden llegar a experimentar el mismo sentimiento, por tanto podrán apoyarse y comprenderse entre sí, pero no siempre es así, y puede que cada uno manifieste individualmente unos sentimientos diferentes.

Por lo general, las madres suelen notar este momento con mayor intensidad, ya que son más susceptibles de generar sentimientos dolorosos en esta etapa y se suelen ver más afectadas que los padres, por su rol de cuidadora principal dentro de las competencias de la pareja. Sentimientos nucleares de  soledad y pérdida suelen darse con mucha frecuencia, entre otros.

El síndrome del nido vacío no está contemplado como una enfermedad mental, sino que se clasifica como un periodo de cambio y de transición, como una etapa más de la vida a la que es necesario adaptarse, y esta adaptación en ocasiones, puede traer problemas por los sentimientos negativos que se pueden dar.

Síntomas del síndrome del nido vacío

Si el síndrome del nido vacío no se gestiona de forma adecuada se puede desarrollar una tristeza crónica difícil de suplir. La sensación de pérdida es un ciclo complejo, y no está reñido con que se haya deseado ese momento anteriormente. A veces muchos padres se ven sorprendidos por estas erupciones de sentimientos ante esa situación, por haber estado deseando durante años que esa situación se diera. Y es que muchos padres animan a sus hijos a convertirse en adultos cuanto antes, pero cuando eso es visto como real, y tiene lugar, se teme y se experimenta un mar de dudas acerca de que sucederá a partir de ahora.

Los síntomas más habituales que se suelen dar en el síndrome del nido vacío son los siguientes:

  • La soledad y tristeza por la sensación de pérdida, los cuales pueden llevar a una depresión. La disminución de tareas obligatorias descargadas en los hijos, ya no son necesarias, y lo que algunos padres pueden ver como un desahogo otros lo van a ver como un vacío en el que no van a saber que hacer sin esas obligaciones pendientes, ni en que rellenar ese tiempo.
  • Pensamientos negativos de tipo existenciales, como por ejemplo es normal decirse “qué hago ya en la vida”, o de cara al futuro de los hijos, dudas acerca de cómo les irá y  que situaciones difíciles tendrán que enfrentar y los problemas cotidianos que les van a sobrevenir.
  • Síntomas depresivos como ganas de llorar, tristeza, malestar, vacío, soledad, etc.
  • Emociones negativas en general y pensamientos catastrofistas y ansiosos, sobre el futuro de los hijos, y también sobre su futuro.
  • La ansiedad se presenta a menudo en estos casos, y a veces, con muchos trajes, como por ejemplo en forma de compulsión, se empieza a hacer limpieza general de la casa, o se inicia una actividad cualquiera o deporte nuevo para canalizar dicho síntoma, sin elegir algo que motive.
  • Pérdida de interés por actividades que antes se disfrutaban. Este es un rasgo característico de la depresión, y en estos casos, las actividades que antes nos gustaban y nos hacían disfrutar ya no, ya no solo no nos apetece realizarlas, sino que cuando nos obligamos a llevarlas a cabo ya no nos gusta, debido a nuestro estado de tristeza.
  • Pérdida de propósito en la vida, objetivos indefinidos y tambaleantes.
  • Dudas acerca de si sus hijos se encuentran preparados para ese momento de iniciar el vuelo de la independencia solos. Esto implica culpa y exigencia, según se mire, sobre la percepción que se posea en la forma de educación y crianza que se ha elegido de cara a ellos.

Causas del síndrome del nido vacío

No existe una causa única que desencadene los síntomas del síndrome del nido vacío. Pero si se pueden apuntar ciertas causas, las cuales se han relacionado con este síndrome, o con la acentuación de éste.

Una de estas causas es la relación entre los padres e hijos. El tipo de relación suele influir en el momento en el que los hijos se marchan del hogar familiar. Si la relación es saludable, comunicativa y con tendencia a encontrar un punto medio, será más fácil atravesar este momento, y la relación posterior, cuando exista ya una convivencia separada será más rica y sana.

Otra de las causas que puede llevar a que se dé el síndrome del nido vacío de forma intensa es el estilo de apego. Los hogares cuyo ambiente hayan estado marcados por la hostilidad o por una dinámica disfuncional, suelen provocar más conflictos en esta etapa de transición.

Otras posibles causas son: la existencia de trastornos psicológicos en algún miembro de la familia, problemas económicos, rupturas de pareja, duelos crónicos, etc.

Factores desencadenantes

Al margen de estos síntomas, pueden existir factores que ya estuvieran previamente y que pueden hacer que aumente las probabilidades de generar este síndrome, es decir, factores desencadenantes.

De entre los factores desencadenantes que se pueden dar podemos citar:

  • Problemas en la pareja.
  • No poseer un entretenimiento o hobby anteriormente, algo que motive y que ayude a despejarse y a desconectar.
  • Tendencia a la dependencia.
  • Problemas en la toma de decisiones, indecisión.
  • Vida basada únicamente en el rol de padres, esto quiere decir, haber sido padres a tiempo por completo y en exclusividad, excluyendo el resto de áreas y sus necesidades.
  • Rigidez y dificultad ante los cambios en términos generales.
  • Experiencias traumáticas experimentadas por ellos mismos cuando se independizaron de sus padres.

Enfrentar el momento en el que los hijos se van de casa supone todo un desafío, se esté en una situación u otra. Por eso se aconseja establecer nuevas rutinas y proyectos, conectar con asuntos olvidados y pendientes, “encontrarse con la pareja” en esta nueva etapa y disfrutar juntos.

¿Qué consecuencias puede tener el síndrome del nido vacío?

El síndrome del nido vacío puede provocar dificultades en los diferentes aspectos de la vida. En general, si éste no se encara de forma positiva y como un aprendizaje más, puede llegar a afectar a todas las áreas.

A nivel individual pueden existir sentimientos intensos de vacío, desgana y de crisis existencialista. La identidad e individualidad se ven alteradas, la salida de los hijos de casa provoca un cambio importante para ambos padres, y hace que sea necesaria una redefinición de ciertos aspectos.

Uno de los aspectos que más afectados se ven es el plano de la pareja. La dinámica familiar cambia, ya que ahora sólo convive la pareja en el hogar y todo es diferente. Es el momento de retomar un contacto más íntimo y avivar la complicidad con la pareja, embarcarse en nuevos proyectos y volver a disfrutar de ser dos, como se hizo en los primeros años de la relación.

En esta área surgen varios supuestos. Ya que puede ocurrir que tras la ida de los hijos solo se quede un conviviente en el hogar, o el padre o la madre, ya que puede haberse dado una separación o divorcio entre los padres, antes de la salida de los hijos de casa o en el mismo momento temporal. En este caso, la persona podrá enfatizar los aspectos positivos de este momento disfrutando de su espacio y de su tiempo, y centrándose en aquello en lo que desee, sin necesidad de llegar a un consenso con su pareja, puesto que no existe esa figura. También es posible que tras la convivencia de la pareja sin los hijos, se llegue a acordar una separación posterior.

A nivel social la pérdida por el interés de actividades puede llevar a la reducción de contactos socialmente, y a poner una barrera a la hora de conocer a gente nueva. En este ala es importante tener en cuenta el apoyo social que se poseía antes del síndrome del nido vacío, y evaluar la calidad e importancia de éste, ya que tener amigos en los que apoyarse en siempre algo positivo en cualquier etapa de nuestra vida.

En el área laboral los síntomas pueden crear problemas debido a que puede no existir un rendimiento ni una productividad adecuada.

Tratamiento para combatir el síndrome del nido vacío

Si te encuentras en una situación similar a la que hemos descrito en los puntos anteriores, o conoces a alguien que si esté en ese estado, la pregunta es la siguiente: ¿qué puedo hacer ahora?

Una persona que se encuentre ante los síntomas del nido vacío puede hacer frente a su angustia estando entretenida, quedando con amigos, retomando actividades, planeando con su pareja, etc., pero si esto no funciona, a largo plazo, es importante que se empiece a plantear la búsqueda de ayuda profesional.

Desde la psicología los objetivos principales a conseguir son:

  • Disminuir los sentimientos negativos
  • Reconducir los proyectos de vida y metas
  • Aumentar el bienestar y la motivación

Dependiendo de cada persona, se establecerán dianas concretas en las que trabajar, una vez analizado el contexto y evaluando las características y necesidades de la persona, para poder iniciar un tratamiento personalizado.

Qué hacer para poder llevarlo lo mejor posible, cómo afrontarlo…

El hecho de que se de este síndrome no implica algo negativo necesariamente. De hecho lo normal es que surja, pero en unos niveles normales, y que no suponga más que otra etapa que tiene lugar a lo largo de la vida.

Sobrellevar la salida de los hijos del hogar familiar también forma parte del crecimiento personal de unos padres. Indica que se han superado las etapas anteriores, y que se ha educado a los hijos para, entre otras cosas, iniciar ese camino individual como persona autónoma.

Además el hecho de que los hijos se independicen no implica que la relación se vaya terminar, ni mucho menos. Mantener el contacto con ellos una vez vivan fuera del hogar primario, es también algo que forma parte de la relación y, en algún sentido, de la crianza. Los padres deben seguir aconsejando, dialogando y ayudando a sus hijos, según las necesidades y las circunstancias, manteniendo el contacto y una buena relación.

Algo fundamental para lidiar con el estrés y los sentimientos negativos de los síntomas que describimos derivados del síndrome del nido vacío, son los hobbies, las aficiones, el deporte, el quedar con los amigos, el retomar actividades aparcadas anteriormente por falta de tiempo, etc., todo es bienvenido en esta etapa para paliar el estrés, la soledad y para acomodarse a la nueva situación. Así como seguir manteniendo la relación con los hijos, aunque ya no exista una convivencia.

El auto cuidado puede convertirse en un aspecto muy salvador de los síntomas negativos de este periodo. Ocuparse en cuerpo y alma  a uno mismo, a lo que le gusta, a su interior y a su exterior, a su alimentación, a su orden, a sus espacios, a su descanso, etc.

Empezar a prepararse antes de que los hijos abandonen el hogar, es también una buena sugerencia. Retomar o iniciar contactos nuevos, amistades, actividades, aficiones, pasatiempos, deporte, delegar tareas que aún se hacen por los hijos en los propios hijos, etc. De lo que se trata es de empezar a atajar el problema antes de que el problema llegue.

Disfrutar de los momentos que solo se dan cuando los hijos aún conviven en el hogar, tratar de exprimirlos al máximo, aprovechar para hacer planes en familia y hablar con ellos. Modificar algunos matices de la relación que  se tenía hasta ahora, y prepararla para enfocarla en otro sentido.

Ángeles Mérida Psicóloga

Licenciada en psicología por la Universidad de Málaga y amplia experiencia profesional. Especializada en terapia de parejas y otras áreas de psicología para adultos, niños y adolescentes. Número de colegiada AO10397.

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