¿Qué es el síndrome del salvador?

síndrome del salvador

El síndrome del salvador hace referencia a relaciones que se basan en una condición excesiva de dependencia. De manera unidireccional, uno de los miembros de la relación, del tipo que sea ésta, domina y maneja en mayor medida.

Hay personas que se vuelcan demasiado con los demás, dan mucho, ayudan en exceso, siempre se encuentran disponibles y siempre están preparados para dejar sus necesidades de lado por dedicar su tiempo a los demás. En el otro lado existen personas que piden favores y ayuda en exceso, como si no tuvieran la posibilidad de resolver las situaciones por ellos mismos.

De estas dos clases opuestas de personas que hemos descrito anteriormente se compone el síndrome del salvador. De una pareja en la que uno tiende a ayudar más de lo que debe y el otro tiende a aprovechar esa ayuda para evadir responsabilidades.

Lo ideal es que las relaciones se basen en una reciprocidad, de manera que tanto las decisiones, como el afecto, la ayuda, etc., se encuentren equilibrados entre ambos. Esto es lo recomendable en todo tipo de relaciones, ya sean de amistad, de pareja, de familiares, etc. A veces ayudamos unos, otras veces ayudan otros.

Causas del síndrome del salvador

El síndrome del salvador puede deberse a varios factores como las características de personalidad, el estilo educativo, el tipo de personas con las que nos solemos relacionar, el contexto en el que nos movemos, la historia familiar y los modelos aprendidos, etc.

Las personas salvadoras suelen tener una necesidad de ser aprobadas por los demás, un sentimiento de convertirse en parte indispensable para otros y la actitud de salvar las dificultades de los demás. Suelen ser controladoras e intentan a toda costa hacer que las personas que ellos desean sean dependientes de ellos o se sientan endeudados continuamente con ellos.

Bajo esa necesidad de control, se encuentra la idea de que cuanto más lo necesiten los demás y más pidan su ayuda, más poder tendrá sobre ellos, y eso llena a la persona.

Cómo reconocer a alguien con el síndrome del salvador

Las personas que sufren de este síndrome ofrecen su ayuda de manera altruista olvidando sus necesidades. Asumen que están obligados a ayudar a otros, solventando todos sus problemas a toda costa y pagando el precio necesario como por ejemplo dejar de lado sus propios problemas. Lo único que esperan a cambio, en la mayoría de los casos, es que esa actitud se repita y le vuelvan de nuevo a pedir ayuda, ya que eso les hace sentir que son indispensables y necesarios.

Hay que distinguir dos figuras: el salvador y el salvado. Ambas asumen su papel, a veces de manera inconsciente, y van desarrollando las escenas. Se puede describir la conducta de “el salvador” como que siempre va al rescate de los demás, pero no de sí mismo. “El salvado”, por el contrario, es el que se mantiene parásito ante las decisiones y la iniciativa de su vida, y depende del salvador, ya que éste siempre se encuentra disponible.

Por lo general estos salvadores son personas atentas, no dan espacio ni la oportunidad para que la persona “salvada” resuelva sus dificultades, de esta manera, uno asume la responsabilidad de salvar mientras que el otro asume ser salvado. Así se puede describir la dinámica de estas relaciones. Su comportamiento va más allá de un simple altruismo.

Hacer cosas por los demás es gratificante, sienta bien y en la mayoría de las ocasiones es devuelto cuando la situación se revierte y somos nosotros los que necesitamos algo de las personas a las que hemos ayudado anteriormente. No hay que olvidar que somos seres sociales y gregarios, y necesitamos a los demás. Pero todo es necesario solo en su justa medida.

Este impulso de adoptar el rol de salvar a los demás en realidad lo que hace es frenar la libertad y autonomía de las personas. El exceso de protección no fomenta el crecimiento de la persona sino todo lo contrario, y además suele agobiar y asfixiar, entre otras cosas.

El salvador al que nos referimos no deja a la persona salvada la posibilidad de cuidarse por sí solo, ni de resolver sus problemas, ni de afrontar sus dificultades. Así se convierte en persona no activa de su vida, dejando en manos de otro los pasos a seguir.

Relaciones

Toda relación humana se debe basar, según las teorías de los expertos en el tema, en la reciprocidad y en la bidireccionalidad, para que exista igualdad y ambos se encuentren con un nivel de bienestar óptimo.

La ayuda que podemos tanto ofrecer como solicitar también es normal, siempre que nosotros no podamos o no seamos capaces, pero no debe ser la norma para el día a día ni para sobrevivir.

Saber que los demás se encuentran ahí si los necesitamos da seguridad, pero debemos ser conscientes de que intentar ser lo más autosuficientes posibles en lo más sano, y aporta muchos aspectos gratificantes.

El síndrome del salvador, como hemos dicho anteriormente, puede darse en cualquier relación: de padres a hijos, en una pareja, en amigos, etc.

Es cierto que en las relaciones amorosas suele darse mucho está dinámica. De manera que la persona que posee el rol de salvar se encuentra perdido y desprotegido cuando la otra parte lo deja o inicia un proceso para dejar de depender. Recordemos que estas personas que ofrecen ayuda de forma extrema sienten seguridad y beneficios realizando este tipo de conductas, por ello siguen realizándola. Y la persona ayudada en exceso puede también sentir la necesidad de crecer o de cambiar y esto puede provocar la ruptura del vínculo si no se llega a entender por ambas partes.

El intento de ayudar, decidir y proteger a otros a toda costa sin tener en cuenta las necesidades propias, esconde miedo a enfrentarse a los propios problemas, se sostiene en carencias y déficits emocionales.

También se aprecia con frecuencia en las relaciones paternas filiales. Los padres actúan por sus hijos sin dotarles a éstos de autonomía ni darle la confianza que necesitan para poder iniciar sus proyectos y desafíos. En ocasiones también se ve en hijos que se exceden en el cuidado de los padres cuando estos son mayores y cada vez necesitan más ayuda, se ven en la obligación de abandonar su vida por atender a sus progenitores y cuidarlos sin seguir adelante con su rutina o planes personales.

Consecuencias negativas

Las consecuencias son muy negativas para ambas partes cuando se da esta situación. Por un lado, la persona que toma la iniciativa no se encarga de sus propios problemas y antepone las necesidades de los demás a las suyas propias. Por otro lado, la persona que deja que otro maneje su situación no se responsabiliza de su vida y se hace dependiente de otro para todo aquello.

Es negativo para ambos, porque merma el desarrollo y el auto cuidado de las dos partes. Asumir las responsabilidades ajenas y no asumir el control de tu vida genera una dependencia y una sensación de inutilidad, también crea una percepción de muy bajo o nulo control sobre uno mismo y lo que le sucede.

Se trata de una dinámica disfuncional que afecta a la persona a todos los niveles. A nivel individual llegar a la realización personal es la cúspide de la vida, y eso se inicia a partir de ser consciente de las cosas a resolver por uno mismo, en los diferentes planos de la vida, y este aspecto se encontrará inacabado siempre que se de esta situación, tanto de la persona dependiente, que deja que hagan por él,  como el salvador, que hace por todos pero no por él.

Las personas que padecen del síndrome del salvador basan su felicidad y bienestar en las personas a las que ayudan de manera que se olvidan de sus necesidades y deseos. Sufren mucha ansiedad y frustración porque no son dueños de tu satisfacción. Por lo general se suelen sentir tristes y agotadas, tanto mentalmente como físicamente. La dependencia que se genera en este síndrome hace que ninguno de los dos sea independiente de forma total.

Ángeles Mérida Psicóloga

Licenciada en psicología por la Universidad de Málaga y amplia experiencia profesional. Especializada en terapia de parejas y otras áreas de psicología para adultos, niños y adolescentes. Número de colegiada AO10397.

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